A la mayoría le pasa una de dos: no pide nunca, o pide, le dicen que no y ahí se acaba. Un sábado presencial para aprender las técnicas que los vendedores usan contigo todas las semanas, practicarlas en la sala y salir sabiendo usarlas tú. Te lo enseña Rafael Palacios, que lleva 15 años enseñando negociación en la universidad, asesora empresas y prepara profesionales para sus negociaciones importantes.
USD 99 primeras entradas USD 159 · pago único
Viñeta de "¡Consigue ese descuento!", el libro de Rafael Palacios
Hay dos maneras de terminar pagando de más: no pedir nunca, o pedir y que te digan que no. Alguna de estas te va a incomodar.
Te da vergüenza pedir descuento. Sientes que te van a mirar raro, o peor, que la persona que va contigo se va a avergonzar.
Piensas que pedir rebaja es de tacaño, y prefieres pagar de más antes que quedar como el que anda regateando por todo.
Pides descuento siempre. A veces te lo dan, a veces no, y no tienes idea de qué hiciste distinto las veces que resultó.
Te gustó tanto el producto que se te notó en la cara. Y ahí perdiste, aunque todavía no lo sabías.
Cuando te dicen el precio, no se te ocurre nada que decir. Pagas, sales, y en el auto piensas en lo que habrías dicho.
Pediste, te dijeron que no, y ahí se acabó. No tenías un segundo movimiento, y pagaste el precio de la etiqueta.
Nada de eso se arregla con carácter.
Es que nadie te enseñó qué decir, ni qué hacer cuando te dicen que no.
Todas estas son técnicas con nombre y apellido. Si reconoces alguna, es porque te la aplicaron a ti, o porque la usaste tú sin saber cómo se llamaba.
"Queda solo una unidad" o "esta oferta se acaba hoy". Compraste rápido para no perderla. Eso tiene nombre: escasez.
El vendedor te dio un buen precio, y al llegar a la caja aparece un problema y el precio ya no era ese. Se llama la papa caliente.
Te ofrecieron cuotas y dejaste de mirar el precio total. Justamente para eso existen las facilidades de pago.
Cerraste el trato y al final apareció el IVA, el despacho o la instalación. Te acaban de dar un pellizco.
Te dijeron "déjame consultarlo con mi jefe" y volvieron con cara de haber peleado por ti. Rara vez pelearon.
Ofreciste partir la diferencia para cerrar rápido. Y no sabías que ofrecerlo tú es justo lo que no hay que hacer.
Hay gente que negocia bien de puro instinto y no sabría explicar por qué le resulta. Si alguna vez dijiste "tengo hasta esto y no más", usaste una técnica que tiene nombre: dinero limitado. Si alguna vez te fuiste de la tienda y te llamaron de vuelta antes de llegar a la puerta, esa también tiene nombre.
El problema de usar una técnica sin saber cómo se llama es que depende de que se te ocurra en el momento. Ponerle nombre es lo que la vuelve más efectiva: sabes cuándo entra, contra quién funciona y qué te van a contestar cuando la uses.
Sin nombre, la usas cuando te sale.
Con nombre, la usas cuando quieres.
Llevas años jugando un juego cuyas reglas nadie te explicó.
Ese sábado dejas de jugarlo a ciegas.
No es la plata que tienes ni la suerte que te toca. Es esta lista, y se repite siempre.
No pides. Simplemente no lo pides
Llegas sin plan B, y sin plan B no tienes poder
Muestras que lo quieres antes de hablar de precio
Aceptas la primera oferta que te hacen
No sabes cómo gana plata el que te está vendiendo
Te aplican técnicas que ni siquiera puedes nombrar
Un alumno consiguió $5.000 de descuento
con una sola frase, en menos de un minuto.
Eso no es motivación: es una división. Rafael la llama el REN, el retorno de tu negociación, y es la herramienta con la que vas a medir cada trato del resto de tu vida. La pregunta incómoda que deja: ¿cuánto ganas tú en una hora de trabajo?
Y ese alumno no fue un caso aislado. En sus cursos de universidad la tarea es ir a negociar de verdad: un auto, un arriendo, una compra grande. Sumando lo que reportaban los treinta o cuarenta del curso, Rafael calcula que en un semestre juntaban entre 10 y 20 millones de pesos en descuentos. Es la cuenta gruesa de un curso completo, no lo que se lleva una persona.
Partimos desde cero absoluto: no necesitas experiencia ni haber negociado nunca. Cada técnica viene con lo mismo: cómo se usa, cómo la contrarresta el otro lado, y qué haces tú en ese caso.
Y no son ideas sueltas: cada una viene con la frase exacta que dices, cuándo funciona, y qué hacer cuando el otro lado la reconoce y te la devuelve.
Casos diseñados especialmente para negociar, con la misma mecánica que Rafael usa en sus clases de universidad: cada uno recibe una hoja de instrucciones confidenciales que el otro no puede leer.

Lo primero que haces al llegar, antes de que Rafael explique nada, es negociar una compraventa: sin técnicas, sin teoría, como negocias hoy. Todas las mesas tienen el mismo caso y todas van a cerrar a precios distintos, porque la diferencia no es el caso, eres tú. Ese precio queda anotado: es tu línea base del día.

Vuelves a la mesa con las técnicas y sus antídotos encima. En tu hoja confidencial va tu tope real, tu alternativa si no hay acuerdo y una razón para cerrar que solo conoces tú. Al frente, otra persona con una hoja distinta que no te va a mostrar.

Mismo tipo de caso, compañero distinto, y ahora el que defiende el precio eres tú. Puede tocarte la hoja del vendedor que necesita cerrar como sea, o la del que casi no tiene margen que dar. Tu comprador no sabe cuál te tocó: tiene que averiguarlo negociando.
Terminas el día con dos cierres tuyos sobre la mesa: el de las nueve de la mañana y el último.
Esa comparación no te la puede dar ningún video.
No se trata de salir siendo un tiburón. Se trata de dejar de ser el único en la mesa que no sabe que hay un juego.
Eso es lo que cambia en un sábado: dejas de pagar el precio que te dicen.
Preferimos que no compres a que llegues esperando otra cosa.
"Vas a tener que hacerlo mejor que esto si deseas que compre"
Es presencial y con práctica en parejas, así que la sala tiene un límite real. Cuando se llena, se llenó.
Pago único. Sin suscripción, sin cobros después.
Precio de primeras entradas: después sube a USD 159.
Checkout seguro · tarjeta de crédito y débito
Apenas pagues te llega un correo con la dirección exacta y todos los detalles. Si no lo ves, revisa la carpeta de spam.
Autos, arriendos, proveedores, el colegio, el seguro, el próximo notebook. Vengas o no vengas, esa lista te va a seguir llegando igual. Lo único que eliges es si vas a seguir pagando el primer precio que te digan. Un sábado alcanza para cambiar eso.
Reservar mi cupo Sábado 14 de noviembre · 9:00 a 14:00 · Las Condes